jueves, 13 de septiembre de 2012

Un torpedo con estrella

  Si entramos en Wikipedia y entre los artículos buscamos “Race of the century” nos aparecerán tres opciones sobre las que hacer click. Una data de 1953, la competición es la Fórmula 1 y tiene como protagonistas a Mike Hawthorn y Juan Manuel Fangio. La segunda es una carrera de caballos de 1986 en la que participaban Waverley Star y Bonecrusher. La última opción, cronológicamente, es una final olímpica. Pekín, 2004. El deporte, la natación. Los 200 metros libres, y figuran en ella tres gigantes de la piscina. El deportista con más medallas de la historia, Michael Phelps, que en ese momento poseía ya la cuarta mejor marca de todos los tiempos. Un holandés, Pieter van den Hoogenband,  que venía de vencer en Sydney en esta distancia y en los 100 metros. Y un australiano de 1,95 de altura y un 54 de pie, Ian Thorpe. Además, esta final contaba con otros outsiders como Grant Hackett o Klete Keller. Una carrera histórica a la que el mayor atentado que podemos recordar pudo haber dejado huérfana…



 El trágico 11 de septiembre de 2001, Ian Thorpe se encontraba en Nueva York para asistir a un desfile de Giorgio Armani que posteriormente sería anulado. El australiano siempre fue una persona vinculada al mundo de la moda, siendo imagen del famoso diseñador italiano. Acostumbrado a levantarse temprano, el “Torpedo” había llegado a los pies de una de las torres, con la intención de subir al mirador de la misma, como cualquier otro turista que en esa época visitaba la “capital del mundo”. En ese momento, un pensamiento, un deseo, un capricho, haría que volviese a nacer. Su idea de tomar fotos desde lo alto del lugar, le enviaría de regreso al hotel donde se hospedaba para recoger su cámara. Una vez allí, otra casualidad hizo que permaneciese en la habitación mientras sucedía la fatalidad que acabaría con la vida de millares de neoyorkinos: la esposa de su mánager, al conocer las intenciones de Ian, decidió sumarse a la visita. El deportista encendería entonces la televisión, en lo que esperaba a que su acompañante se arreglase. Minutos después, y mientras observaba la pantalla y hablaba simultáneamente por teléfono, contemplaría la noticia y vería al segundo de los aviones estrellarse en el World Trade Center. La providencia hizo que, por cuestión de veinte minutos, antes o después, el nadador no se encontrase en el lugar de la tragedia mientras ésta tenía lugar. El ganador a principios de ese mismo curso de 6 oros en los mundiales de Japón y que apenas contaba con 18 años por entonces, tuvo la suerte que otros no tendrían. Y el mundo, no solo el deportivo, habría perdido a una gran persona, pues Ian Thorpe tiene fundación para niños enfermos, patrocina un orfanato en China, es colaborador de una ONG que trabaja para mejorar las condiciones de vida de los aborígenes de Australia y ha sido un hombre comprometido con su comunidad y el globo.

 El australiano se retiraría cinco años después, con un palmarés impresionante: 5 oros en los Juegos Olímpicos (2 de 400 m libres, 1 en 200 metros libres, 1 en 4×100 y otro en 4×200), 3 platas y 1 bronce, además de otros  36 oros (17 en Campeonatos del mundo, 10 en Juegos de la Commonwealth y 9 en Juegos del Pacífico), varias platas y algunos bronces; a los que hay que sumar sus 13 récords mundiales. Unos registros brutales para un nadador de 100 kilos de peso al que no le apasionaba su deporte, y que no abandonó antes por un talento natural incomparable y una deuda pendiente, que saldaría con creces. En su distancia favorita, ante el adversario que le había hecho claudicar en su país natal.


 Dos años antes de su retirada, nos regalaría la carrera de la que hablamos al principio del artículo y la que nos referimos en la parte final del párrafo anterior, con tres mitos de la natación. Una carrera atípica, en una piscina al aire libre. Con Thorpe buscando sacarse la espina de Sydney, donde Van den Hoogeband le había batido contra todo pronóstico y ante su público, y con un Phelps que ganaría 6 oros en la cita olímpica (a los que habría que sumar 2 bronces). 

 La carrera del siglo. Sobre la distancia más importante de la natación: 200 metros. No es un sprint, no es una prueba de fondo. Es “la distancia”. Y sobre la misma, tres colosos. La mejor final de todos los tiempos. Récord olímpico (Thorpe). Récord americano (Phelps). Una prueba que, tres años antes, pudo perder a su vencedor.



 Jacobo Correa (@JacoCorrea en twitter).

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