domingo, 30 de septiembre de 2012

Deporte femenino, ¿desinterés o falta de difusión?


 El deporte femenino es un gran desconocido para la sociedad actual. Podría esto explicarse bajo el argumento de que en términos de resultados no está a la altura del masculino, pero la reciente experiencia en los JJ.OO de Londres nos saca de este error. Y es que han sido las féminas las que han tenido que salvar la participación de la delegación española de lo que podría haber sido un clamoroso fracaso.

  Basándonos en el rendimiento de las deportistas femeninas y en el interés que han despertado en los pasados Juegos en el público, me lleva y debería llevarnos a todos a hacernos la pregunta que da título a este artículo, ¿de verdad no interesa el deporte femenino o es que simplemente está escondido? Y sea cual sea la respuesta, ¿quién tiene la culpa y cuáles son las alternativas?




  Antes de buscar soluciones debemos analizar de forma objetiva cuál es la situación y para eso no podemos dejar de mirar al pasado, no podemos negar la historia. La mujer siempre ha tenido un papel secundario en todos los ámbitos sociales y no iba a ser menos en el caso del deporte, el cual fue creado como una vía de transmisión de valores entre los que estaba: la competencia, la fortaleza física, la agresividad... Simplemente la mujer no estaba invitada a esa fiesta.
La incorporación de la mujer al deporte fue lenta y tardía, de hecho no fue hasta 1900 cuando se le permitió participar en los JJ.OO.

 Por todo esto, no podemos aspirar a una igualdad total en cuanto a presencia en el deporte y difusión del mismo hoy, pero tampoco podemos conformarnos, ni echar balones fuera, en nuestras manos está conseguir ser tratadas como iguales y fomentar el interés en nuestro deporte.




  Es cierto que los medios de comunicación se amparan en el hecho de que ellos les dan más minutos y más páginas a aquellos deportes que despiertan más interés y podríamos entrar en el debate de si un medio de comunicación debe centrarse sólo en aquello que mueve masas o bien proporcionar información de todo y que sea el lector/espectador el que elija, sea como fuere no está esto en nuestras manos.

 Por tanto, en una sociedad consumista como la actual, los clubes deben despertar el interés por su deporte, a través de campañas de promoción y de trabajo de base. Es preciso además apoyarse en los éxitos (medalla de bronce en balonmano, medalla de plata en waterpolo, medalla de oro en vela).
Sólo con una base sólida podremos tener frutos en el futuro y ese trabajo debe empezar a realizarse ya. Generar un cambio de mentalidad en la sociedad es algo que lleva tiempo, por eso cuanto antes se empiece antes podremos observar los cambios y conseguir que no se hable de deporte femenino o masculino, sólo de deporte.




 Yaiza Rodríguez (@YaizaRguez en twitter).

martes, 25 de septiembre de 2012

El traspaso que cambió la NBA



 13 años en la liga, 11 anillos (13 si contamos los que le corresponden como entrenador, ya que en los 2 últimos ejercía esta función además de ser un jugador más). Solo este dato ya eclipsa una carrera llena de logros: 5 veces MVP, 12 veces All-Star, 2 campeonatos universitarios, un oro olímpico… La leyenda más grande del equipo más legendario. Los más jóvenes pensamos en Larry Bird, apodado precisamente “Larry Legend” cuando hablamos de ello. Pero realmente, los Boston Celtics aun no contaban con ningún título anterior a la llegada del eterno “6”. Nadie se lo imagina con otra camiseta. Bill Russell, el auténtico “Señor de los Anillos”. La pieza que faltaba a un elenco de estrellas como Jim Loscutoff, Bill Sharman, Bob Cousy, Frank Ramsey... Un equipo que en los años posteriores disfrutaría de otros monstruos como Sam Jones, John Havlicek, Larry Siegfried o Don Nelson. Un conjunto que dominaría la liga durante más de una década en la que los puros de Red Auerbach se convirtieron en la imagen del ganador.




 Pero todo esto bien pudo no haber ocurrido. En el draft de 1956, los Celtics elegían en el puesto 13, pero Auerbach deseaba a toda costa contar con Bill Russell, un atípico pívot que destacaba por su capacidad defensiva por encima de sus condiciones para el ataque. Le primera elección correspondía a los Rochester Royals, que se decantarían por Maurice Stokes. El número 2 pertenecía a St. Louis Hawks. Y ahí el entrenador de los Celtics vería su oportunidad. Los Hawks, que desde 1953 contaban con la figura del gran Bob Petit, deseaban sumar a Ed Macauley, 6 veces All-Star y natural de St. Louis, que jugaba para la franquicia del trébol. Los Celtics, enviaron al rookie Cliff Haggan y a dicho jugador a cambio de Bill Russell, que sería seleccionado por los Hawks. Esa noche, los de Massachusetts se harían con 3 futuros miembros del Hall of Fame: K.C. Jones, el talentoso  Tom Heinsohn y la piedra angular sobre la que se asentaría un equipo mítico, el más dominador de todos los tiempos, el protagonista de este artículo: Bill Russell.




 El resto, es historia. En 13 años, Boston Celtics solo cedió el cetro de reyes del baloncesto en dos ocasiones y ante dos rivales temibles con figuras de renombre: los propios Hawks de Bob Petit, y frente a los Philadelphia 76ers del todopoderoso Wilt Chamberlain. Russell se retiraría como campeón, sin dedos suficientes en las manos para lucir todos los anillos. Y, aunque parezca extraño, lo natural hubiese sido que todo esto no hubiera ocurrido (de no ser por la sagacidad de Auerbach). Alrededor del pívot emergieron la mayor cantidad de miembros del Salón de la Fama que hayan coexistido en una plantilla. Los “arrogantes verdes” tardarían un lustro en volver a alzarse con un campeonato. Hasta la fecha han conseguido 6 más desde la maravillosa década de los 60. 11 en los 13 años de Bill Russell. 17 desde que en 1946 se fundara la franquicia, la cual pertenece a la NBA desde 1949. La grandeza y el dominio de este jugador queda fuera de toda duda.




 Una curiosidad, el premio al MVP de las finales en la NBA tiene un nombre. El de un jugador. Se llama Premio Bill Russell.





 Jacobo Correa (@JacoCorrea en twitter).

sábado, 15 de septiembre de 2012

El hombre que nunca se rindió

Han pasado 103 días desde la muerte de Manolo Preciado, genial entrenador y mejor persona. Hace 103 días el mundo del fútbol perdió a uno de los símbolos más significativos de la LFP. No ha pasado nigún día sin que eche en falta su genial figura. 

La vida de Manolo Preciado siempre ha estado marcado por la fatalidad y el éxito, tanto en el ámbito profesional cómo en el personal. He aquí mi homenaje a su historia, a su figura y su fuerza en los peores momentos dónde supo seguir adelante mirando de cara a la vida.


Trayectoria futbolística

Cómo futbolista, Manolo Preciado se formó en las filas del Real Racing Club de Santader y debutó con el primer equipo en la temporada 77/78. Durante su estancia sufrió un descenso y gozó de un ascenso antes de  dejar el Real Racing Club de Santander, para militar durante dos años en las filas del F.C Linares. Militó en años posteriores en equipos como el R.C.D Mallorca (1 temporada), Deportivo Alavés (1 temporada), C.D Ourense y finalizó su tracyectoria como jugador en el R.S Gimnástic de Torrelavega (5 temporadas).

Trayectoria como entrenador

Su debut fue en el año 1995 dirigiendo el equipo en el que se retiró cómo futbolista, el R.S Gimnástic de Torrelavega, con el que consiguió ascender y mantenerse como equipo invicto durante toda la campaña. Dejó el  R.S Gimnástic de Torrelavega para dirigir al Racing de Santander B, con el que consiguió un nuevo ascenso hacia la Segunda División B. Después de su ascenso estuvo tres años sin equipo hasta la temporada 2000/2001 qué volvió al filial racinguista sin poder evitar su descenso a la Tercera División, aunque en su posterior año volvió a ascenderlo a la Segunda División B.

A partir de la temporada 2002/03 comienza la trayectoria profesional como entrenador de Manolo Preciado dirigiendo al Real Racing Club de Santander. Al siguiente año dimitió para dirigir al Levante U.D, equipo con el que consiguió un nuevo ascenso llevándolo a la Primera División. En las posteriores temporadas dirigió al Real Muercia (2004/2005), al Real Racing Club de Santander (2005/2006) y al Real Sporting de Gijón (2006/2012). En la temporada 2011/2012 fue cesado cómo técnico del Real Sporting de Gijón tras 6 años al frente del club. 

El 6 de junio de 2012 se hizo oficial su fichaje por el Villarreal C. F. para dirigir al equipo durante la temporada 2012/13 en Segunda División. Entonces la tragedia volvió en forma de infarto, llevándose consigo a Manolo Preciado a los 54 años de edad.

Una vida marcada por el dolor


En lo personal no podemos decir que la vida de Manolo Preciado fuera un camino de rosas, ya que siempre estuvo marcada por el dolor de una manera muy cercana a su persona. 

En 2002 su mujer fallece a consecuencia de un cáncer, tres años después pierde a su hijo de 15 años en accidente de moto y en el año 2011 fallece su padre al ser atropellado cuando ayudaba a empujar un vehículo.

Marcado por la tragedia todos recordamos esta frase de Manolo Preciado - "La vida me ha dado duro. Podía haber sido vulnerable y acabar pegándome un tiro, o mirar al cielo y crecer. Elegí lo segundo".- Con esta frase Manolo Preciado nos enseñó el valor de una persona para afrontar los vaivenes decidió aferrarse a la vida y seguir luchando día a día.

Han pasado ya 103 días, 103 días con sus 103 noches y aún así su presencia en el mundo de fútbol es más que notable. Todos le echamos de menos, ya sea dirigiendo al equipo con el que conectó de una manera impresionante con su afición, el Real Sporting de Gijón, o ya sea en las ruedas de prensa, dónde siempre dejaba alguna "perla" para la posteridad. También le echamos de menos en esa área técnica, dónde derrochaba con pasión sus indicaciones a su equipo en cada partido. Y como no, siempre recordaremos aquel intercambio de declaraciones con el técnico del Real Madrid Joseph Mourinho, que al final forjó una buenísima relación entre ambos técnicos.

Sin lugar a dudas Manolo Preciado ha dejado su huella en el mundo del fútbol y también en la vida de todos aquellos que hemos seguido de cerca la figura de esta gran persona. Esta es la historia del hombre que nunca se rindió.





Adrián Hernández Brito (@Adri_Castle en Twitter)


jueves, 13 de septiembre de 2012

Un torpedo con estrella

  Si entramos en Wikipedia y entre los artículos buscamos “Race of the century” nos aparecerán tres opciones sobre las que hacer click. Una data de 1953, la competición es la Fórmula 1 y tiene como protagonistas a Mike Hawthorn y Juan Manuel Fangio. La segunda es una carrera de caballos de 1986 en la que participaban Waverley Star y Bonecrusher. La última opción, cronológicamente, es una final olímpica. Pekín, 2004. El deporte, la natación. Los 200 metros libres, y figuran en ella tres gigantes de la piscina. El deportista con más medallas de la historia, Michael Phelps, que en ese momento poseía ya la cuarta mejor marca de todos los tiempos. Un holandés, Pieter van den Hoogenband,  que venía de vencer en Sydney en esta distancia y en los 100 metros. Y un australiano de 1,95 de altura y un 54 de pie, Ian Thorpe. Además, esta final contaba con otros outsiders como Grant Hackett o Klete Keller. Una carrera histórica a la que el mayor atentado que podemos recordar pudo haber dejado huérfana…



 El trágico 11 de septiembre de 2001, Ian Thorpe se encontraba en Nueva York para asistir a un desfile de Giorgio Armani que posteriormente sería anulado. El australiano siempre fue una persona vinculada al mundo de la moda, siendo imagen del famoso diseñador italiano. Acostumbrado a levantarse temprano, el “Torpedo” había llegado a los pies de una de las torres, con la intención de subir al mirador de la misma, como cualquier otro turista que en esa época visitaba la “capital del mundo”. En ese momento, un pensamiento, un deseo, un capricho, haría que volviese a nacer. Su idea de tomar fotos desde lo alto del lugar, le enviaría de regreso al hotel donde se hospedaba para recoger su cámara. Una vez allí, otra casualidad hizo que permaneciese en la habitación mientras sucedía la fatalidad que acabaría con la vida de millares de neoyorkinos: la esposa de su mánager, al conocer las intenciones de Ian, decidió sumarse a la visita. El deportista encendería entonces la televisión, en lo que esperaba a que su acompañante se arreglase. Minutos después, y mientras observaba la pantalla y hablaba simultáneamente por teléfono, contemplaría la noticia y vería al segundo de los aviones estrellarse en el World Trade Center. La providencia hizo que, por cuestión de veinte minutos, antes o después, el nadador no se encontrase en el lugar de la tragedia mientras ésta tenía lugar. El ganador a principios de ese mismo curso de 6 oros en los mundiales de Japón y que apenas contaba con 18 años por entonces, tuvo la suerte que otros no tendrían. Y el mundo, no solo el deportivo, habría perdido a una gran persona, pues Ian Thorpe tiene fundación para niños enfermos, patrocina un orfanato en China, es colaborador de una ONG que trabaja para mejorar las condiciones de vida de los aborígenes de Australia y ha sido un hombre comprometido con su comunidad y el globo.

 El australiano se retiraría cinco años después, con un palmarés impresionante: 5 oros en los Juegos Olímpicos (2 de 400 m libres, 1 en 200 metros libres, 1 en 4×100 y otro en 4×200), 3 platas y 1 bronce, además de otros  36 oros (17 en Campeonatos del mundo, 10 en Juegos de la Commonwealth y 9 en Juegos del Pacífico), varias platas y algunos bronces; a los que hay que sumar sus 13 récords mundiales. Unos registros brutales para un nadador de 100 kilos de peso al que no le apasionaba su deporte, y que no abandonó antes por un talento natural incomparable y una deuda pendiente, que saldaría con creces. En su distancia favorita, ante el adversario que le había hecho claudicar en su país natal.


 Dos años antes de su retirada, nos regalaría la carrera de la que hablamos al principio del artículo y la que nos referimos en la parte final del párrafo anterior, con tres mitos de la natación. Una carrera atípica, en una piscina al aire libre. Con Thorpe buscando sacarse la espina de Sydney, donde Van den Hoogeband le había batido contra todo pronóstico y ante su público, y con un Phelps que ganaría 6 oros en la cita olímpica (a los que habría que sumar 2 bronces). 

 La carrera del siglo. Sobre la distancia más importante de la natación: 200 metros. No es un sprint, no es una prueba de fondo. Es “la distancia”. Y sobre la misma, tres colosos. La mejor final de todos los tiempos. Récord olímpico (Thorpe). Récord americano (Phelps). Una prueba que, tres años antes, pudo perder a su vencedor.



 Jacobo Correa (@JacoCorrea en twitter).

martes, 11 de septiembre de 2012

El corazón de un equipo campeón


Oklahoma City se convirtió ayer en el segundo equipo clasificado matemáticamente para playoffs. Son los primeros en el oeste en lograrlo. Lo hicieron venciendo al, hasta el momento, único equipo del este que había conseguido asegurarse la post-temporada, Chicago Bulls.  La baja de Derrick Rose, MVP de la pasada campaña, por parte de los de Illinois, unido al ya habitual recital del dúo que forman el posiblemente mejor jugador de la competición, Kevin Durant, y el explosivo Russell Westbrook, decantó la balanza mucho antes de que se llegara al último cuarto. Mucho ojo, estamos hablando de los dos mejores equipos de la NBA en lo que va de Regular Season, pero, por increíble que parezca, ése no fue el partido de la noche.





 En el TD Garden de Boston, se verían las caras a continuación dos equipos que se tienen muchas ganas. Unos, los Heat, visitantes ayer, son, desde el año pasado, el equipo más temido de la liga. Poseen un “Big Three” demoledor. Jugadores jóvenes, explosivos y que se complementan. A ellos les unes un base correcto, un banquillo interesante y, quieras o no, sientes respeto. El “Big Three”: Wade, James y Bosh… Claro que, cuando uno piensa en “Big Three”, le viene a la mente el del equipo rival anoche: Pierce, Garnett y Allen. Los originales. Aquellos que unieron sus fuerzas hace algunos años y consiguieron un campeonato para la franquicia con más entorchados. Aunque es cierto que ya tienen cierta edad. Anoche, además, uno de ellos, el seguramente mejor tirador puro del campeonato no podía participar en el choque debido a una lesión. Sumémosle a todo lo anterior, que los locales estaban a 8 victorias de diferencia de los visitantes. Todo hacía presagiar un partido cómodo para Miami. Nada más lejos de la realidad.
  En 1995, un tal Rudy Tomjanovich, por aquel entonces entrenador de Houston, campeones un año antes, pero para nada favoritos ese año, pronunció una frase que ha pasado a la historia: “Nunca subestimes el corazón de un equipo campeón”. Y mira por dónde, liderados por Rajon Rondo, un base inclasificable, pero en el buen sentido de la expresión, y capitaneados por un jugador superlativo a la hora de competir como es Paul Pierce, los “Arrogantes Verdes” fueron una vendaval que llegó a gozar de una diferencia de 29 puntos al comienzo del último cuarto, tras un tercero en el que la diferencia entre un conjunto y otro fue de +19 para los de Massachusetts. Una apisonadora aplastó a Miami.
  Los Celtics son un equipo mayor, que tienen sus diferencias dentro del vestuario, sufren problemas de lesiones y todo lo que queramos decir, pero cuando llega el momento de competir, se convierten en una piña, un sólido grupo que sabe lo que ha de hacer, que huele la sangre y no perdona. Ayer dieron un golpe sobre la mesa. Anunciaron al resto de la liga que siguen ahí, que no piensan marcharse, y que tienen hambre. Ojo con estos tipos. Y cuidado, no se debe subestimar el corazón de un equipo campeón. Jamás. Porque no estaban muertos, ni tampoco de parranda. Avisada queda la NBA.



Jaco Correa (@JacoCorrea en twitter). 

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