martes, 11 de septiembre de 2012

El corazón de un equipo campeón


Oklahoma City se convirtió ayer en el segundo equipo clasificado matemáticamente para playoffs. Son los primeros en el oeste en lograrlo. Lo hicieron venciendo al, hasta el momento, único equipo del este que había conseguido asegurarse la post-temporada, Chicago Bulls.  La baja de Derrick Rose, MVP de la pasada campaña, por parte de los de Illinois, unido al ya habitual recital del dúo que forman el posiblemente mejor jugador de la competición, Kevin Durant, y el explosivo Russell Westbrook, decantó la balanza mucho antes de que se llegara al último cuarto. Mucho ojo, estamos hablando de los dos mejores equipos de la NBA en lo que va de Regular Season, pero, por increíble que parezca, ése no fue el partido de la noche.





 En el TD Garden de Boston, se verían las caras a continuación dos equipos que se tienen muchas ganas. Unos, los Heat, visitantes ayer, son, desde el año pasado, el equipo más temido de la liga. Poseen un “Big Three” demoledor. Jugadores jóvenes, explosivos y que se complementan. A ellos les unes un base correcto, un banquillo interesante y, quieras o no, sientes respeto. El “Big Three”: Wade, James y Bosh… Claro que, cuando uno piensa en “Big Three”, le viene a la mente el del equipo rival anoche: Pierce, Garnett y Allen. Los originales. Aquellos que unieron sus fuerzas hace algunos años y consiguieron un campeonato para la franquicia con más entorchados. Aunque es cierto que ya tienen cierta edad. Anoche, además, uno de ellos, el seguramente mejor tirador puro del campeonato no podía participar en el choque debido a una lesión. Sumémosle a todo lo anterior, que los locales estaban a 8 victorias de diferencia de los visitantes. Todo hacía presagiar un partido cómodo para Miami. Nada más lejos de la realidad.
  En 1995, un tal Rudy Tomjanovich, por aquel entonces entrenador de Houston, campeones un año antes, pero para nada favoritos ese año, pronunció una frase que ha pasado a la historia: “Nunca subestimes el corazón de un equipo campeón”. Y mira por dónde, liderados por Rajon Rondo, un base inclasificable, pero en el buen sentido de la expresión, y capitaneados por un jugador superlativo a la hora de competir como es Paul Pierce, los “Arrogantes Verdes” fueron una vendaval que llegó a gozar de una diferencia de 29 puntos al comienzo del último cuarto, tras un tercero en el que la diferencia entre un conjunto y otro fue de +19 para los de Massachusetts. Una apisonadora aplastó a Miami.
  Los Celtics son un equipo mayor, que tienen sus diferencias dentro del vestuario, sufren problemas de lesiones y todo lo que queramos decir, pero cuando llega el momento de competir, se convierten en una piña, un sólido grupo que sabe lo que ha de hacer, que huele la sangre y no perdona. Ayer dieron un golpe sobre la mesa. Anunciaron al resto de la liga que siguen ahí, que no piensan marcharse, y que tienen hambre. Ojo con estos tipos. Y cuidado, no se debe subestimar el corazón de un equipo campeón. Jamás. Porque no estaban muertos, ni tampoco de parranda. Avisada queda la NBA.



Jaco Correa (@JacoCorrea en twitter). 

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