Oklahoma City se convirtió ayer en el segundo equipo clasificado
matemáticamente para playoffs. Son los primeros en el oeste en lograrlo. Lo
hicieron venciendo al, hasta el momento, único equipo del este que había
conseguido asegurarse la post-temporada, Chicago Bulls. La baja de
Derrick Rose, MVP de la pasada campaña, por parte de los de Illinois, unido al
ya habitual recital del dúo que forman el posiblemente mejor jugador de la
competición, Kevin Durant, y el explosivo Russell Westbrook, decantó la balanza
mucho antes de que se llegara al último cuarto. Mucho ojo, estamos hablando de
los dos mejores equipos de la NBA en lo que va de Regular Season, pero, por
increíble que parezca, ése no fue el partido de la noche.
En el TD Garden de Boston, se verían las caras a continuación dos
equipos que se tienen muchas ganas. Unos, los Heat, visitantes ayer, son, desde
el año pasado, el equipo más temido de la liga. Poseen un “Big Three”
demoledor. Jugadores jóvenes, explosivos y que se complementan. A ellos les
unes un base correcto, un banquillo interesante y, quieras o no, sientes
respeto. El “Big Three”: Wade, James y Bosh… Claro que, cuando uno piensa en
“Big Three”, le viene a la mente el del equipo rival anoche: Pierce, Garnett y
Allen. Los originales. Aquellos que unieron sus fuerzas hace algunos años y
consiguieron un campeonato para la franquicia con más entorchados. Aunque es
cierto que ya tienen cierta edad. Anoche, además, uno de ellos, el seguramente
mejor tirador puro del campeonato no podía participar en el choque debido a una
lesión. Sumémosle a todo lo anterior, que los locales estaban a 8 victorias de
diferencia de los visitantes. Todo hacía presagiar un partido cómodo para
Miami. Nada más lejos de la realidad.
En 1995, un tal Rudy Tomjanovich, por aquel entonces entrenador
de Houston, campeones un año antes, pero para nada favoritos ese año, pronunció
una frase que ha pasado a la historia: “Nunca subestimes el corazón de un
equipo campeón”. Y mira por dónde, liderados por Rajon Rondo, un base inclasificable,
pero en el buen sentido de la expresión, y capitaneados por un jugador
superlativo a la hora de competir como es Paul Pierce, los “Arrogantes Verdes”
fueron una vendaval que llegó a gozar de una diferencia de 29 puntos al
comienzo del último cuarto, tras un tercero en el que la diferencia entre un
conjunto y otro fue de +19 para los de Massachusetts. Una apisonadora aplastó a
Miami.
Los Celtics son un equipo mayor, que tienen sus diferencias
dentro del vestuario, sufren problemas de lesiones y todo lo que queramos
decir, pero cuando llega el momento de competir, se convierten en una piña, un
sólido grupo que sabe lo que ha de hacer, que huele la sangre y no perdona.
Ayer dieron un golpe sobre la mesa. Anunciaron al resto de la liga que siguen
ahí, que no piensan marcharse, y que tienen hambre. Ojo con estos tipos. Y
cuidado, no se debe subestimar el corazón de un equipo campeón. Jamás. Porque
no estaban muertos, ni tampoco de parranda. Avisada queda la NBA.
Jaco Correa (@JacoCorrea en twitter).

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